miércoles, mayo 5

Tres músicas ominosas


Pobre Lovecraft. Él sólo quería vivir en una mansión victoriana rodeado de gatos, comiendo helados, leyendo libracos y sin posar la vista sobre alguien no anglosajón en toda su vida. Sin duda para él casi todos sus días fueron ominosos, y encima ni siquiera tuvo la decencia estética de suicidarse a los 30 años, como su amigo Howard. Que un tejano tenga más sentido romántico que uno de Providence es una lección sobre lo engañoso de las apariencias.
Pobre Lovecraft, obligado a escribir a máquina como un prosaico oficinista del montón, malviviendo siempre a costa de los cuatro gatos que le leían en su día. Nunca se imaginó que hoy día sus libros se venderían en ediciones de tapa gorda, que Paco Rabal interpretaría al borrachazo de Innsmouth o que, oh, ignominia, aparecerían incluso en forma de juego de rol (siendo un perdedor nato, seguro que esto último le molaría). Lo que seguro que le haría desmayarse de horror es saber la cantidad de veces que se la ha adaptado a un medio tan repugnantemente popular como él cómic. Y eso que, a primera vista, parecería algo muy difícil, teniendo en cuenta que en la mayoría de sus cuentos no había ni una sola línea de diálogo, y que el ochenta por ciento de los adjetivos que utilizaba eran del tipo “indescriptible”, “innombrable”, “indefinible” y similares.

Hoy traigo dos versiones diferentes de uno de mis cuentos más queridos de Lovecraft. El hecho de que haya sido versionado dos (que yo sepa) veces supongo que significa que no soy muy original, lo cual no deja de deprimirme. Aún así, en la historia hay un algo de romántico a lo Edgar Allan Poe, y un otro algo aún más críptico de lo normal para lo que es Lovecraft, que la hace mantenerse a un ladito de el resto de su obra.

La primera versión,(o más bien adaptación, porque es bastante fiel a la historia original) que os pondré es de otro tejano que es una leyenda viviente, Richard Corben, que está que no para, a sus sesenta y pico ya. Corben tiene un talento para lo extremo, tanto para la belleza como para lo grotesco (mirad la maravillosa cara del casero), y no es ésta la primera historia de Lovecraft que adapta. Capta a la perfección el ambiente sucio y angustioso del relato, y, aunque pueda parecer poco importante, tiene una habilidad para acojonar usando las onomatopeyas que no he visto en ningún otro autor.

La Música de Erich Zann.





Más o menos al mismo tiempo el uruguayo Hernán Rodríguez publicó esta otra versión, un poco más libre pero perfectamente fiel al espíritu. Aunque en el relato original desconocemos el género del narrador, conociendo a Lovecraft me apuesto la mano de hacer pis a que no era una mujer. Su estilo es completamente distinto al de Corben; tiene un algo de cómic de aficionado hecho a boli Bic, pero al mismo tiempo, cuando retrata los mundos extradimensionales de Lovecraft lo hace con un estilo casi Art Decó, nada que ver con las viscosidades típicas a las que prácticamente el resto de los autores recurren y que, cuando lo piensas, contemporáneamente debía de ser lo rodeaba a Lovecraft en su época, y lo que le inspiraría.










Como esta entrada ha versado sobre músicas y horrores de más allá de éste universo, aquí os dejo otra pieza capaz de arrastrar tu cordura a las fauces babeantes de la demencia

BESO

1 comentario:

  1. Joder, esta pieza musical puede estar en un lugar de honor en la categoría "Canciones que me traumaron".
    Escalofriante.

    Niebla.

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